Más guapa que cualquiera

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Había una vez en el Reino de lo Diferente, una pequeña niña que vivía en el bosque cercano al castillo del Rey. Vivía en una pequeña choza hecha de paja con cinta de aislar, cerca de un estanque donde habitaba un sapo escritor. Su nombre era Rabiola, tenía catorce años, pero por su tamaño parecía de menos. Si bien era feliz, como toda niña tenía sueños y fantasías, pero también vivía una dura realidad, era muy fea.

Era tan fea que tuvo que dejar de asistir a la escuela porque los otros niños se burlaban de ella y la trataban muy mal. En estos tiempos se diría que era víctima de bullying. Aunque su mamá la mandaba todos los días con su loncherita y una liga amarrada a sus orejitas para que creyeran los demás que usaba una máscara de halloween, sus compañeros de clase no tardaron en descubrir su ominosa fealdad.

Todo transcurría de manera normal en el Reino de lo Diferente: los colores serios deseaban ser más alegres; otros colores querían dejar de llorar y otros querían ser multicolor como el arcoíris. Los números pares querían ser nones; las vocales querían ser consonantes; la letra H quería expresarse de una vez por todas y Rabiola quería ser bonita.

Más allá de La Cúpula del Trueno, en un sistema de cavernas olvidado, la Bruja del Reino maldecía frente al Espejo Mágico Polarizado.

—¡Mugrosa escuincla! Quiere ser bonita como yo, eso no lo voy a permitir, de ninguna manera.

—La solución ama, es matar a todas las Hadas del bosque, así no podrá pedirles que le concedan el deseo de ser hermosa como tú —decía el Espejo con tono plano.

—Prepararé algo para esos insectos con alas y brillitos —dijo la Bruja acercándose al caldero a mezclar un veneno para las hadas.

El Espejo la siguió hasta el caldero, con mirada indiferente; ya se había acostumbrado a reflejar su delineado cuerpo y su hermoso rostro.

La Bruja terminó de mezclar los ingredientes y se deslizó entre las sombras de una noche sin luna hasta el bosque donde esparció el veneno que mataría a las hadas.

Era una mañana fresca y Rabiola corrió al estanque, se acercó a la orilla tímidamente, temerosa como siempre de ver su reflejo en el agua.

—¿Por qué no soy bonita? —se preguntaba a sí misma mientras miraba el ondulante reflejo en las aguas del estanque.

—Si quieres ser bonita busca a un hada del bosque y pídele un deseo —dijo el Sapo Escritor desde su posición en una piedra mientras tomaba el sol.

Rabiola pegó un salto del susto: no había advertido la presencia del Sapo en perfecta mimetización.

—¿Dónde la encontraría? Hace mucho no veo una y no sabía que pudiese pedirles un deseo —dijo con un color de desesperanza pintando su delgada voz infantil.

—Busca más allá de los abetos, en los arbustos de huele de noche, ahí les gusta reunirse —apuntó el Sapo dándole la pista.

Rabiola hizo una mueca que en realidad era su sonrisa, pero debido a su fealdad se parecía más a un gesto agrio.

Para cuando llegó a los abetos, el sol ya estaba rebasando el cenit. Encontró los arbustos de huele de noche, pero como era de día, no olían a nada. Precavida, Rabiola miraba a un lado y a otro fijándose en cada claroscuro entre los matorrales y cuidando sus pasos para no ahuyentar a las hadas. Pasaron muchos minutos antes de que con el rabillo del ojo notara un débil brillo entre un tronco seco y una piedra desprendida del terraplén; era un leve resplandor ámbar, como el de un chorreado candil en la mesa de un desconocido poeta. Parecía palpitar a un ritmo lento, pesado.

—¡Oh cielos! —dijo Rabiola cuando miro más de cerca y encontró a un hada, de color azul pálido. Resplandecía a nivel muy bajo y tenía sus pequeñas alas opacas, casi lechosas. Respiraba débilmente y dejaba escapar en un lamento apenas audible, su petición de ayuda.

—A..yú..da..me…

Rabiola con toda precaución levantó el cuerpecito con sus dos manos y tiernamente la acercó a su regazo. Ojalá el hada soportara el camino de regreso, estaba muy mal.

—Te llevaré a mi casa y te cuidaré hasta que te mejores, sí.

En el momento justo que dijo esto, un minúsculo pájaro azul, levantó el vuelo en dirección a la Cúpula del Trueno, más específicamente a las cuevas donde vivía la Bruja.

—¡Mugrosa escuincla! ¿Cómo pudo haber un hada sobreviviente? ¿Es de fiar esa información? ¿Quién te lo ha dicho Espejo? —La bruja estaba fuera de sí.

—Me lo ha dicho un pajarito llamado Tweet, lo ha confirmado y ya se filtró la información a Wikileaks.

—¡Voy en busca de esa mugrosa! Acabaré con ella y con el hada y así no habrá mujer más hermosa en este reino, ¡solo yo!

La Bruja reptó a través de todo el bosque buscando rastros de Rabiola y el hada. Convertida en serpiente se movía a una velocidad enfurecida.

Llegó hasta los matorrales de huele de noche, pero ya no encontró a sus presas, tuvo que hacer uso de sentido del olfato para hallar algún indicio. Casi oscurecía cuando a lo lejos alcanzó a mirar la figura de Rabiola, con la velocidad de un látigo se acercó a unos metros de los pequeños pies de la niña quien con ojos desmesurados contempló la mirada maligna de la Bruja. La Bruja a su vez titubeó un poco al ver la horrenda expresión en la cara de la niña que era digna de haber sido extraída de alguna pesadilla delirante de Clive Barker.

Rabiola pegó un grito que despertó al hada de su sopor, escuchaba la respiración agitada de la niña.

—¿Qué pasa? —dijo el hada.

—-¡Nos persigue la Bruja de las cuevas! —contestó muerta de miedo Rabiola.

—¡Maldita Bruja! Acabó con todas las hadas del bosque y ahora quiere rematarme. Corre hacia el roble grande, ahí le esperará una sorpresa.

Rabiola enfiló hacia el árbol de tronco enorme, pero la Bruja le pisaba los talones. En un esfuerzo, el hada, lanzó un hechizo y en el terraplén se abrió una entrada que dejó pasar a la niña y se cerró de inmediato. Eso les dio algo de tiempo, mientras la Bruja rodeaba algunos peñascos. Rabiola respiraba agotada, estaba asustada. Del otro lado del terraplén se veía el camino de salida del bosque.

—Estoy agotada nena, pero haré un último hechizo para salvarnos —Se le acercó al oído para contarle del plan.

Rabiola asentía con la cabeza mientras el hada le daba las indicaciones, en un momento la niña se volteó a mirarla con una expresión de duda

—Sólo así funcionará el plan, debemos correr el riesgo.

—Está bien —contestó.

La dejó sobre una raíz saliente en el terraplén, y se fue alejando poco a poco sin darle la espalda. En ese momento un crujir de ramas les advirtió que la Bruja ya se encontraba cerca. Rápidamente Rabiola se apresuró a llegar al camino de salida del bosque a tomar su posición como le había dicho el hada. De frente miraba al hada preocupada, se veía bastante mal, casi sin fuerzas, decaída pero decidida a enfrentarse a la Bruja.
No tardó en aparecer, siseaba y se enroscaba de una manera morbosa e insultante. Miró en un extremo a Rabiola y astuta volteó hacia el hada del lado opuesto.

—¡Estúpidas! ¿Pretenden engañarme? Soy más lista que ustedes. Las haré sufrir lo indecible. Haré cosas atroces con ustedes y cuando me cansé las mataré lentamente —concluyó y se abalanzó con toda su fuerza sobre Rabiola quien solo cerró los ojos y se cubrió con sus manos la fea carita.

En ese momento el hada hizo acopio de todas las fuerzas que aún le quedaban y lanzó el hechizo

—Chin pum pan tortillas papas digui di badi di bú —A continuación, se desmayó.

Como perros encadenados, media docena de trampas mágicas para oso marca ACME se lanzaron a lo largo del cuerpo transformado de la Bruja, cerrando sus potentes quijadas sobre ella sin darle oportunidad de alcanzar a la pobre Rabiola que temblaba arrodillada esperando el ataque. Un bufido le hizo mirar, la vio prensada entre las fauces metálicas, tenía una trampa mordiéndole justo abajo de la respingada nariz y el mentón evitando que pudiera decir algún conjuro. Ahí quedó haciendo movimientos convulsivos queriendo escapar de la presión de los mordiscos.

Rabiola se levantó y avanzó con pasos vacilantes junto al cuerpo de la Bruja, corrió a buscar a su amiga que yacía inconsciente en un montoncito de hojarascas, levantó el cuerpecito inmóvil y vio que aun respiraba. Se dirigió hacia la salida del bosque no sin echar una última mirada a la Bruja.

Llegó rápidamente a la choza donde su mamá la esperaba preocupada. Ya estaba oscuro y se intrigó más al ver que de entre sus dedos se escapaba un leve resplandor ámbar.

—Pero niña ¿Ahora que traes ahí?

—Es un hada mamá, ayúdame, está muy mal casi muere por un veneno.

La mamá puso en la estufa una cacerola y comenzó a agregar ingredientes para hacer una infusión. Cuando estuvo lista, vertió un poco en un jarro autentico de Tlaquepaque y con un gotero le fueron administrando el té.

—¿Mejorará? —preguntaba a su madre.

—Si hija, se pondrá bien.

Trece días después el hada volaba divertida, perseguida por Rabiola cerca del estanque del Sapo Escritor.

—Hay algo que quiero pedirte —dijo Rabiola al hada, tímidamente.

—¿Qué es amiguita? Dime.

—¿Me concederás un deseo?

—Me salvaste la vida, considero que es justo. ¿Ya pensaste bien qué es lo que quieres?

—Sí —respondió y se le iluminó el feo rostro—. Quiero ser muy guapa —El hada la miró con una mezcla de ternura y «haré lo que pueda, no prometo mucho» y dijo las palabras mágicas:
—Chin pum pan tortillas papas digui di badi di bú…

Pero no pasó nada. El hada sabía que sus poderes no eran tan grandes ante la extrema fealdad de la niña así, que resultó mucho más fácil hacer que todos los pobladores del Reino de lo Diferente se hicieran más feos que Rabiola, así ella sería más guapa que cualquiera.

Epílogo

El hada se retiró y ahora vende comida en un café de carretera. Engordó tanto debido a los efectos secundarios del veneno que sus alas ya no la aguantaban para volar.

El Sapo Escritor ganó una fortuna al vender los derechos de autor de la crónica de las últimas horas de la Bruja en donde narra con detalle como los animales del bosque en venganza, hicieron cosas innombrables con ella antes de que las criaturas carroñeras de la noche la devoraran cuando aún estaba con vida. Pronto se estrenará la película.

El pajarillo azul llamado Tweet, es ahora millonario con su red social Twitter.

El Espejo Mágico hasta hoy sigue haciendo reflexiones.

Rabiola ha ganado los últimos tres años consecutivos el concurso de Reina de las Fiestas de Primavera del Reino de lo Diferente. No tiene oponente.

La H nunca se expresó.

Fin

 

5 comentarios sobre “Más guapa que cualquiera

    Ross escribió:
    1 febrero, 2012 en 16:03

    No se supo si la ahora bella resulto siendo feliz…o acaso la felicidad radica en lo subjetivo?

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    NoWhereMan escribió:
    1 febrero, 2012 en 18:23

    Pues creo que se resignó. Ahora estudia la universidad, sigue igual de fea pero no es del todo desagradable. Se cambió de nombre y se pintó el pelo. Habla con acento francés.

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    catalina adan escribió:
    19 marzo, 2012 en 20:49

    muy bonito,!!!

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    Omar Rodríguez escribió:
    5 febrero, 2014 en 18:51

    Me gustó muchísimo, es tremendo. Me encanta el hecho de que sea tan diferente a un cuento de hadas normal, lo cual supongo que es normal en el Reino de lo Diferente…

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      carlitosquijano escribió:
      5 febrero, 2014 en 18:56

      Gracias amigo por tomarte el tiempo para leer este cuento. Me complace saber que te ha gustado, saludos.

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