Dreams

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Era un detalle mínimo que estropeaba aquella noche perfecta, como fondo de la conversación se dejaba oír el rock sutil de Fleetwood Mac con la melodiosa voz de Stevie Nicks cantando Dreams, proveniente del estéreo del auto, las luces de la ciudad parpadeaban a lo lejos, en el final de aquella calle, el diseñador de espacios urbanos había decidido que un mirador vendría perfecto al borde de la cañada.

En la estrechez del auto compacto, compartían sendos vasos de merlot, esperando que alguno rompiera el silencio.

—¿Qué es lo que piensas acerca del amor? desde un punto de vista testigo de lo que estámos viviendo en estos momentos —Él se atragantó un poco con el planteamiento de aquella pregunta, era un momento etílico en donde no se podía pensar tan aceleradamente para dar una respuesta concreta. Sacudió algunas gotas del tinto que quedaron sobre la manga de su chamarra.

—Estoy consciente que lo que está ocurriendo entre los dos es algo fuera de lo común; en un estándar, si pudiese medirse el estado de enamoramiento, podríamos decir que en términos estadísticos que somos una pareja en un millón, quizá más, el gusto por las cosas comunes, la afinidad, el acoplamiento, el no disentir en opiniones y conceptos, no es cotidiano ni usual, pero tampoco podemos acudir a modelos arquetipicos para ejemplificar o equiparar una relación tan especial como esta.

—Tienes razón, es cuestión de liberar miedos, decidirse a renunciar a paradigmas y sentir auténticamente toda y cada una de esas experiencias sensoriales, que para serte honesta es la primera vez que he logrado experimentar plenamente con una persona.

-¡Dios! eso que me dices eleva mi autoestima a altitudes insospechadas, pero es recíproco —comentó él mientras apuraba el último sorbo de vino y se preparaba a servir un trago más.

—Demasiado rebuscado su lenguaje señor, ¿Por qué no ejemplifica lo que me acaba de decir?

Él la miro con ternura, dejó a un lado el vaso y se dispuso a besarla de una forma tal que no pudiese distinguir si era aire lo que respiraba o el aliento de aquella hermosa mujer.

Ella se separó de sus labios solo para decirle con los ojos entrecerrados:

—Te amo.

Él, incrédulo, volvió a besarla. De manera inefable le respondió con la misma frase.

Despertaron ambos en lugares diferentes, a muchos kilómetros de distancia, él tarareaba una cancioncilla que no podía reconocer y que fue lo primero que le vino a la mente, ella por su parte, despertó contenta, con una alegría y una luz diferente a otras mañanas. Ambos despertaban de un placentero sueño en donde conocían a su alma gemela, a su mitad exacta. Quizás no deberían conocerse, pero el destino omite alternativas. Se levantaron ambos de sus respectivas camas, en su mente al mismo tiempo, un sentimiento de convencimiento de que sólo había sido un sueño individual.

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