velocidad terminal

Mi encuentro con el suelo

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Aquí viene.

     Estar en las alturas siempre invita a pronunciar la clásica frase «¡Qué hermosa vista!». Y sí, es una hermosa vista. Siempre que las cosas se ven por encima del nivel en el que están nos parecen mejores, admirables o amenazantes. Depende del punto de vista. Es gracioso. Bueno, a veces no, no lo sé, no sé en ocasiones pueda ser gracioso. Lo cierto es que, desde esta posición de supervisión, hasta el aire se respira raro y los signos vitales se alteran. Esto me pone nervioso, pero la delicada corriente de aire llega hasta mí, disminuye la ansiedad.

     Miro hacia arriba y me doy cuenta que no hay final, pero al mirar hacia abajo es inminente un encuentro, una situación finita; un límite. Nunca he sabido respetar los límites, mucho menos reconocerlos.

     Es risible que la gente ponga toda su atención en mí cuando me encuentro acá en lo más alto. Cuando estaba a su nivel no era nadie para nadie y ahora se detienen, se asombran y me miran incrédulos de que haya llegado a esta cima; ahora en cambio, me observan y hasta me gritan cosas. No me importa. Llegué hasta aquí por mí mismo, por mis propias convicciones. Estoy a punto de dar un gran paso. Tomar en cuenta las opiniones de otros significaría retroceder y traicionarme. Me he fortalecido para tomar esta decisión así que nadie ni nada me hará echarme para atrás, más bien, daré ese paso adelante.

     Estoy en un punto en que todos los sonidos pierden claridad; llegan hasta a mí apagados, ensordecidos. Quizá sea el preludio: es un momento tan íntimo que casi se torna sensual. Es algo tan delicado en el sentido de la fragilidad. Quisiera prolongar esta sensación, pero ya es tarde. Debo acudir a mi encuentro.

     Entonces lo sublime se transforma en algo sucio y brusco. Doy un paso adelante y me siento ingrávido, flotante. Antes de que la gravedad haga lo suyo, me despojo de prejuicios, me libero de las ataduras; una vez más me burlo de los límites, y me deshago de todo el bullying que me hacían mis compañeros. El viento es tan fuerte que me sopla la elegancia en el peinado.

     No es la caída, es la velocidad terminal.

     Aquí viene.