Antología I – Salto al reverso

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SALTO AL REVERSO



Antología I
Salto al reverso

Salto al reverso presenta su «Antología I», el primer volumen de una recopilación anual de las obras destacadas de su blog (saltoalreverso.com) y de sus convocatorias abiertas en las redes sociales.

A través de esta publicación, buscamos reconocer la labor creativa de nuestros autores en los géneros de poesía, relato, fotografía e ilustración, y compartir estas piezas con los lectores interesados en el arte y la literatura.

Salto al reverso es un blog y una editorial. Somos poetas, cuentistas, fotógrafos e ilustradores. Somos una búsqueda, una exploración creativa.

En esta primera antología participan 30 autores de Chile, Colombia, Ecuador, España, México, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela con obras inéditas, creadas para nuestras convocatorias.

Esta recopilación se ha reunido gracias a las votaciones quincenales de las obras publicadas en nuestro blog durante 2017. También realizamos dos convocatorias temáticas: «etéreo» y «recuerdo». En las…

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¿Quieres unirte al blog Salto al reverso?

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#Convocatoria #Saltoalreverso #Únete

SALTO AL REVERSO

CONVOCATORIA ABIERTA

En Salto al reverso nos interesa integrar a nuevos talentos en los géneros de poesía, relato y artes plásticas (fotografía, dibujo, ilustración y pintura). Si estás interesado en unirte a este blog colectivo, es necesario que el consejo editorial te apruebe. El consejo está conformado por colaboradores y autores de Salto al reverso.

Estos son los requisitos:

  1. Estar dispuesto a seguir nuestros criterios. Consúltalos aquí: saltoalreverso.com/criterios.
  2. Tener excelente ortografía y redacción.
  3. Tener un blog propio o una página formal en donde publiques tus obras con frecuencia. Tu blog o página debe estar activa desde hace al menos un mes.
  4. Ser seguidor activo de Salto en reverso durante al menos un mes. Esto significa:
  • Ser nuestro seguidor en WordPress.
  • Comentar en las entradas.
  • Votar en nuestras votaciones quincenales.
  • Seguir nuestras cuentas en redes sociales (opcional).

Recibiremos solicitudes a partir de ahora y hasta el 15 de febrero. Después de esa fecha, el consejo editorial evaluará las solicitudes…

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Forma parte del consejo editorial

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SALTO AL REVERSO

En Salto al reverso, estamos renovando el consejo editorial y las actividades de nuestros colaboradores. Si ya eres autor de Salto al reverso, te invitamos a tomar un rol más activo en nuestro proyecto.

¿Que hace el consejo?

  • Debate y aprueba la admisión de nuevos autores.
  • Da opiniones sobre la operación del proyecto.
  • Aporta nuevas ideas para mejorar Salto al reverso.
  • Asume un rol activo en la implementación de estas ideas.

Todo esto a través de un foro donde los participantes dejan comentarios y debaten entre sí.

Solo los autores del blog pueden participar. (Si lo que te interesa es ser autor, espera la convocatoria que lanzaremos la próxima semana).

Si ya formas parte del consejo actualmente, eres bienvenido a permanecer. Pero necesitamos que llenes el formulario para saber si deseas seguir adelante. Si aún no formas parte, por favor, llena el formulario abajo.

¿Cómo colaborar?

También necesitamos ayuda en otras labores de…

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Autor destacado: Carlos Quijano

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Agradezco mucho el reconocimiento de los compañeros de Salto al reverso. Como he comentado en otra ocasión, es un privilegio compartir este espacio de letras con todos ustedes. ¡Muchas gracias!

SALTO AL REVERSO

Felicitamos a Carlos Quijano (carlosquijano.com) por haber sido elegido el nuevo autor destacado de Salto al reverso.

Los invitamos a seguirlo en las redes:

Twitter: twitter.com/qccj
Facebook: facebook.com/blogpalabrascomunes

Nuestro autor fue elegido mediante una votación del consejo editorial (valor 50%) y una votación pública (valor 50%).

Votación unánime del consejo (valor 50%)
21% en la votación pública (valor 10.5%).
TOTAL: 60.5%

Para elegir a Carlos, consideramos la calidad y constancia de sus obras, así como su compromiso con el proyecto. Ha publicado una compilación de relatos bajo el sello de la Editorial Salto al reverso, Claro Oscuro. Ha colaborado en la edición del blog y las revistas de Salto al reverso, y actualmente mantiene actualizado nuestro Flipboard y se encarga de los avisos a los ganadores de las votaciones para la antología.

Recibirá un espacio destacado en el blog saltoalreverso.com y promocionaremos su perfil y sus obras…

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Un recuerdo

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Bajó la ventanilla para que el humo del cigarrillo se disipara. Fumaba mientras esperaba en el auto a Mim. Cerró los ojos y dejó salir la bocanada de humo con lentitud.
Una chica de pelo multicolor yacía sobre la cama de un deteriorado motel. La mayoría de los usuarios lo utilizaban para tener sexo sin preámbulos. Hasta el nombre del lugar hacía ironía a su función. La chica estaba muy drogada y no paraba de reír, mientras subía su vestido y dejaba ver su diminuta prenda íntima de encaje verde pastel. Morris sentía que su pene se asfixiaba dentro de su pantalón. Con mucha habilidad la despojó de su ropa y con el pulgar comenzó a estimular a la muchacha. Gemía y se retorcía como posesa.
—¡Cógeme! ¡Hazlo ya! ¡Cógeme! —pedía la mujer.
Morris bajó su cremallera y frotó su glande antes de penetrar. La chica recibió la embestida y ya no gemía, gritaba.    Por su parte, Morris se limpiaba las gotas de sudor con una mano. La excitación hacía que le punzaran los testículos. Se limitaba a pujar y a arremeter con fuerza.
—¡Voy a terminar…! —jadeaba la chica estremeciéndose.
—Espera, aún no —replicó Morris.
Buscaba con su mano derecha algo entre las mugrosas sábanas.
—¡No aguanto más! ¡Ya! ¡Ya…! —gritaba la chica con urgencia.
Un cuchillo afilado cortó su garganta de izquierda a derecha, después se escuchó un gorgoteo y palabras ahogadas en rojo. Morris eyaculaba como una bestia apretando los ojos; escuchando los sonidos guturales e inhalando la mezcla de olores de sangre y sexo.
Abrió los ojos antes de arrojar el cigarrillo por la ventanilla. Mim se acercaba al auto; Morris la veía caminar con su vestido ampón y el pelo balanceándose en cada paso estilizado por los tacones altos. Mim subió al auto.
—¡Son un asco los baños de este lugar! ¿Qué hacías? —espetó Mim acomodando el vuelo de su falda.
—Reviviendo un recuerdo —dijo Morris sonriendo y echando un vistazo a su entrepierna para confirmar que su pene se estaba asfixiando dentro de sus pantalones.
—¿A dónde iremos? —dijo Mim aspirando con vigor el humo de un pequeño cigarrillo que sacó de entre la copa de su vestido.
—A un motel. Te vas a reír cuando sepas el nombre.
Mim ya se estaba riendo.

Dos veces uno

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Participación para la convocatoria «Recuerdo» de Salto al reverso.

SALTO AL REVERSO

De repente todo le pareció tan familiar: el dolor en los hombros, el ardor en las muñecas, el olor a orín y polvo. Quiso hablar, pero la cinta americana le impedía hacerlo. Tenía cubiertos los ojos y sentía la textura de una tela burda y tiesa en sus dedos. Tampoco podía mover las piernas, estaba atada de los pies. Todo le resultaba en un recuerdo; no como un dèjá vu que ofrece el beneficio de la duda, sino como algo ya vivido, algo que había estado oculto en su memoria y regresaba en ese momento. Quiso abrir la boca de manera que la cinta se despegara, pero fue en vano; tenía varias capas que se lo impidieron. Intentaba jalar más aire, sentía una de sus fosas nasales tapada. El terror le acometió cuando escuchó una voz. Esa voz que odiaba porque tenía el control sobre ella y no por mandato…

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El balón de soccer II

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A Mo le inquietaba mirar en la vitrina, durante el tiempo que pasaba en la tienda, un balón idéntico al de su hermano. La inquietud se transformaba en un peso que le oprimía el pecho. Sentía que no había sido una buena idea donar el balón de Nathan. El viernes por la tarde, cuando recibió su pago, compró el balón; lo llevaría de vuelta al cuarto de Nathan. Era más un sentimiento concreto que un impulso emocional. Al llegar a casa, subió muy rápido a dejar el balón: no quería que su madre se diera cuenta; no quería seguir alimentando su dolor con tan tristes recuerdos.

    Mo iniciaba su rutina después del trabajo: sentarse frente a la computadora y consultar páginas de alertas de personas extraviadas, además de, seguir compartiendo en sus redes sociales la foto de Nathan con la esperanza aferrada a su corazón. Hacía búsquedas en Google para encontrar sitios web en donde publicar la petición de ayuda. Fue una de esas búsquedas la que la llevó a un encabezado que decía: «Niños perdidos, objetos y leyendas — Creepypastas». Mo frunció el ceño y dudó un poco antes de dar clic en el enlace. El navegador cargó la página con el artículo, sus lindos ojos se pasearon por el texto y estuvo a punto de cerrar la ventana si no es porque vio la palabra «juguetes». Comenzó a leer con detenimiento:

    «Hay cientos de leyendas que se relacionan en mayor medida con objetos de uso común y hechos sobrenaturales, para ejemplo basta un botón: la industria cinematográfica ha sacado provecho de ello atribuyéndole poderes malignos a muñecas y muñecos, inocentes juguetes que alojan en su interior despiadados espíritus y que a la menor provocación hacen daño a sus dueños solo por venganza. Existen muchas leyendas acerca de otros juguetes con estas características. Esta creepypasta, como muchas otras, ha pasado de boca en boca y se ha dispersado por el mundo haciendo temblar a muchos niños puesto que se relaciona con un balón de fútbol y su extraño origen». Mo abrió los ojos más de lo normal, los vellos de su nuca se erizaron y sintió un escalofrío incontrolable. Continuó leyendo.

    » «Cuenta la leyenda que la historia se origina en España durante la copa mundial de fútbol en 1982. Había un hombre de extraña apariencia que vivía solo en un apartamento. Los vecinos suponían que era jubilado porque no salía a trabajar ni tampoco se veía enfermo, solo lucía raro y siempre estaba solo. No hablaba con nadie ni soportaba que los niños jugaran soccer en el pequeño patio; siempre les gritaba “que se largaran de ahí”, a lo que los niños respondían con burlas. Un día, aquel hombre salió con un balón reluciente en las manos, era exactamente como el reglamentario de la Copa del Mundo. Dijo a los chicos que, si se iban a jugar a otro lugar, les regalaría el balón. Ellos aceptaron y se movieron a otro de los patios. El grupo se fue vitoreando por el obsequio y el hombre entró a su apartamento; en su cara se podía ver una línea maliciosa dibujando su sonrisa. Cerró la puerta tras de sí. A partir de ese momento, en el conjunto de apartamentos, hubo muchas desgracias. Para empezar, el día que el grupo de chiquillos obtuvo el balón, atropellaron a uno de ellos que quiso alcanzar la pelota sin advertir que estaba en medio de la calle; el chofer no pudo frenar y lo embistió matándolo. Otro chico tuvo un accidente doméstico derramándose aceite caliente en la cara. No murió, pero quedó ciego. Otro de los chicos cayó desde la ventana del apartamento en el quinto piso; uno más resbaló en las escaleras lesionándose la columna y quedando parapléjico. Todos estos acontecimientos tenían algo en común: todos habían jugado con el balón que les había regalado el extraño hombre. Nadie notó este detalle. El balón se mantenía intacto por cada desgracia que ocurría en el grupo de chicos, era como si se renovara con cada muerte. El balón se extravió por mucho tiempo y cuando volvió a aparecer, lo hizo en América. Dicen que el balón está poseído por las almas de los niños que murieron en España y que, con el paso del tiempo, devora las almas de los niños que escoge para que formen parte de su interior».

 

    Mo estaba atónita por lo que acababa de leer. Juntó las palmas de sus manos a la altura de su boca, como si estuviera diciendo una oración en silencio. Tomó la laptop y fue corriendo a donde estaba su madre. Miriam leyó una y otra vez el texto. Eran demasiadas coincidencias, era algo inaudito, pero albergaba alguna esperanza. En el cuarto de Nathan, ambas revisaban el balón: lo miraban centímetro a centímetro con el anhelo de encontrar una señal. Después de un rato, sentadas en el piso del cuarto, en silencio, no dejaban de pensar en lo que decía el texto: un balón maldito, almas, niños… Miriam miraba cada cosa que había en el cuarto de Nathan: unos guantes de Batman, algún animalito de peluche, la puertita del compartimento en la parte baja de la cama donde Nathan solía jugar, la guitarra. Tomó la guitarra y se sentó en la cama. Rasgó algunos acordes y las lágrimas se dejaron venir sin sujeción, de su corazón hasta sus ojos. Mo estaba cabizbaja, escuchando los melancólicos acordes que tocaba su madre. Reconoció la tonada y al principio en voz baja, comenzó a cantar la canción:

Little brother

I remember you first came home

Then came another

Little brother of our own

Even when you break my toys

You will always be my

Little brothers

Cause you’re younger

We’re related

And you are boys

Even when you making too much noise

You we’re always be my

Little brothers

Cause you’re younger

We’re related

And you are boys

Little brothers, little brothers, little brothers…

    Al terminar la canción se abrazaron sollozando. Madre e hija compartiendo el mismo dolor, extrañando con todas sus fuerzas a Nathan.

    —¿Mamá? ¿Mo? —Se escuchó una voz ahogada como encerrada en algún lugar—. ¿Mamá? ¿Mo? —dijo la voz por segunda ocasión. Miriam y Mo desconcertadas miraban en el cuarto tratando de localizar de dónde venía la voz.

  —¡Nathan! ¡Nathan! ¿Dónde estás? —dijo con nerviosismo Miriam. Mo miraba horrorizada el balón. Voltearon al mismo tiempo cuando unos golpecitos se escucharon en la pequeña puerta del compartimento debajo de la cama de Nathan. Miriam corrió a abrir la puerta y en cuanto la luz penetró vio la figura de Nathan sentado en el interior. Llevaba puesto un pijama y parpadeaba por la intensidad de la luz. Miriam lo sacó del lugar y lo abrazó con todas sus fuerzas. Mo no lo podía creer, su pequeño hermano estaba de vuelta. Lo habían echado tanto de menos y ahora los tres se volvían a abrazar. Un acto de amor siempre estará por encima de cualquier maldad.

***

    —Aquí está bien —dijo Miriam, deteniendo el auto. Se estacionaron en el arcén en un paraje desértico. Bajaron los tres y caminaron unos cuantos metros. Pusieron el balón en el suelo arenoso y lo rociaron con líquido inflamable, del que se usa para encender leña para los asados. Juntos contemplaron como las llamas iban consumiendo el material sintético del balón. Nunca volvería a hacer daño a nadie.

    Cuando quedó reducido a una masa negruzca y empezó a humear Nathan dijo:

    —Se acabó. ¿Qué tal si vamos por una hamburguesa con doble carne?

    Miriam y Mo se echaron a reír. Los tres subieron al auto y regresaron a la ciudad felices, con el sol a sus espaldas.